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Obesidad en niños y adolescentes en México

Por Gerardo Juan Rodríguez Hernández

Dirección de Nutrición

De manera general, la obesidad se presenta cuando existe una mayor ingesta de energía, proveniente de los alimentos y bebidas en relación con el gasto, ya sea por actividad física y/o por las funciones propias del organismo.

El excedente de energía que no se utiliza se convierte en depósitos de grasa que, cuando llegan a ser muy grandes, generan lo que se conoce como obesidad.

La obesidad cobra importancia porque es uno de los principales factores de riesgo para la aparición de enfermedades como diabetes, hipertensión, colesterolemia, enfermedad respiratoria obstructiva crónica, litiasis renal, diversos tipos de cáncer, como endometrio, mama y colon, problemas óseos y articulares, hígado graso, asma, desviación de la columna, pérdida de la agilidad, así como problemas cardiovasculares, entre otros padecimientos. La obesidad también se asocia con problemas de depresión, trastornos del sueño y trastornos psicológicos.

El sobrepeso y la obesidad actualmente se presentan en todos los grupos de edad, siendo la población infantil y adolescente de las más vulnerables, lo que a menudo genera que el niño y el adolescente padezcan problemas de salud que antes se consideraban sólo problemas de adultos, como la diabetes, la presión arterial alta y el colesterol alto. La obesidad infantil ha sido definida considerando la relación entre el peso total y la talla estimada mediante el Índice de Masa Corporal (IMC = peso en Kg / talla en m2).

México está colocado en los primeros lugares con mayor obesidad infantil en el mundo

Niños

De acuerdo a las Encuestas Nacionales de Salud y Nutrición (Ensanut), realizadas por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en los años 2006, 2012 y 2018, la prevalencia de sobrepeso en niños menores de cinco años fue de 20.2%, 19.8% y 18.1% respectivamente. Para la obesidad siguiendo el mismo orden de años de levantamiento de la Ensanut, las prevalencias fueron de 14.6%, 14.6% y 17.5%.

La prevalencia de sobrepeso más obesidad en 2006 fue de 34.8%, en 2012 de 34.4% y para el año 2018 de 35.6%.

De acuerdo al año más reciente de levantamiento de la Ensanut (2018-19) el total de niños entre 5 y 11 años de edad con obesidad fue de 1,923,551, el número de niños con sobrepeso fue de 1,989,501 niños. En total de niños con sobrepeso más obesidad fue de 3,313,052.

De 2006 a 2018 la prevalencia de obesidad en este grupo de población pasó de 14.6% a 17.5% respectivamente, un aumento importante.

Adolescentes

De acuerdo a las Ensanut, la prevalencia de sobrepeso en adolescentes de 12 a 19 años fue de 21.3% para el año 2006, de 21.6% para el año 2012 y de 23.8% en 2018-19. La obesidad en 2006 fue de 11.9%, para 2012 de 13.3% y para 2018 de 14.6%

La prevalencia de obesidad tiene un aumento importante al pasar de 2006 de 11.9% a 14.6% en 2018, un aumento de 2.7 puntos porcentuales.

El número total de adolescentes con obesidad para el año 2018-19 fue de 3,341,261.

De 2006 a 2018-19 la prevalencia de sobrepeso más obesidad en este grupo de población pasó de 33.2% a 38.4%. La cifra es importante ya que 8,787,974 adolescentes en México para el año 2018-19 presentaron sobrepeso más obesidad.

Antecedentes de los padres o familiares directos de una o más de las siguientes patologías:

  • Diabetes mellitus tipo 2. Sin importar la edad en que se presentó.
  • Hipertensión arterial sistémica. Sin importar la edad de presentación.
  • Enfermedad hipertensiva durante el embarazo.
  • Enfermedad isquémica del miocardio. Varones menores de 55 años y mujeres menores de 60 años.
  • Enfermedad vascular cerebral. Varones menores de 55 años y mujeres menores de 60 años.
  • Síndrome de ovarios poliquísticos.
  • Hipertrigliceridemia y/o hipercolesterolemia.
  • Hiperuricemia.

¿Es posible saber si mi hijo o hija tiene sobrepeso u obesidad?

Para los niños y adolescentes, se utiliza el Índice de Masa Corporal (IMC) en específico con respecto a la edad y el género, también se conoce como el IMC por edad. Aquí te proporcionamos un vinculo* (link) con el que podrás calcular el IMC de tus hijos, o bien, revisa su Cartilla Nacional de Salud, en ella encontrarás una tabla de nutrición que detalla la forma en la que puedes calcular el IMC y conocer el nivel de salud en el que se encuentran.

Si el valor del IMC es igual o superior al centil 75 (peso en relación con su edad y sexo) hablamos de Sobrepeso. La Obesidad se presenta cuando el valor del IMC es igual o está por arriba del centil 85. Ya sea por el vínculo, o el gráfico en la cartilla, explican de manera detallada la diferencias.

https://www.cdc.gov/healthyweight/spanish/bmi/calculator.html

Si presentan obesidad es probable que también exista:

Presencia de acantosis nigricans, mejor conocidas como zonas de piel oscuras, ya sea en la parte posterior e inferior del cuello, y/o en axilas, ingles y otras localizaciones del cuerpo.

Una circunferencia de cintura mayor a 90 cm.

De manera general el problema de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes cobra vital importancia, debido a que existe una mayor probabilidad de tener sobrepeso y obesidad en las subsecuentes etapas de la vida

 

Algunas de las causas son:

Abandono de la lactancia materna exclusiva (LME): Consiste en que el recién nacido reciba, únicamente leche materna y ningún otro alimento sólido o líquido hasta los primeros 6 meses. Para el caso de nuestro país, solamente 3 de cada 10 recién nacidos recibe leche materna como alimento exclusivo hasta los 6 meses. La mayoría, reciben alimentos o líquidos adicionales desde su primer mes de vida, como fórmulas y leche de vaca.

Alto consumo de productos ultraprocesados. Dentro y fuera del hogar. Son formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas. La mayoría de estos productos contiene pocos alimentos enteros o ninguno. Vienen listos para consumirse o para recalentar o reconstituir, y requieren poca o ninguna preparación culinaria. El consumo de estos productos puede llegar a representar del 15 al 20% de la energía que consumen las personas. Tienen un elevado contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas. Estos productos, representan un riesgo para la salud por distintas razones, ya que tienen una calidad nutricional baja y, por lo general, son extremadamente sabrosos, a veces hasta casi adictivos; imitan a los alimentos y les hace ver mediante la mercadotecnia como saludables; fomentan el consumo de botanas o snacks; se anuncian y se comercializan de manera constante en casi todos los medios de comunicación. Debido a lo anterior, los productos ultraprocesados juegan un papel importante como factor esencial en relación del aumento del sobrepeso y obesidad, así como de las enfermedades crónicas no transmisibles.

Elevado consumo de refrescos y bebidas azucaradas. Hidratarse con este tipo de bebidas no es una práctica saludable y por lo regular contienen una alta cantidad de energía en forma de azúcar o algún endulzante que no es recomendable su consumo, incrementan el riesgo de sufrir diabetes, irritan el estómago, aumentan el riesgo de padecer litiasis renal (cálculos renales), deterioran la dentadura, provocan descalcificación de los huesos. Entre otros daños. Tienen una gran disponibilidad, ya que se encuentran en muchos establecimientos, además de mostrar un relativo bajo costo. México es uno de los países donde su población consume una ata cantidad de refrescos y bebidas azucaradas.

Bajo nivel de actividad física y presencia de sedentarismo. En muchas ocasiones asociado a un número importante en que los niños y adolescentes ven televisión (incluye canales de películas y series), juegan videojuegos (Minecraft y Fornite como ejemplo) o están conectados a redes sociales (Tik Tok, YouTube y Facebook principalmente). Durante el día y a altas horas de la noche.

Qué se puede hacer:

Fomentar la lactancia materna exclusiva: Es importante que el recién nacido la reciba durante los primeros 6 meses de vida. Es necesario que consuma la leche materna y que no reciba ningún otro alimento sólido o líquido. No es necesario introducir fórmulas maternizadas, leche de vaca y por ningún motivo el niño debe consumir bebidas azucaradas. Dentro de la alimentación complementaria que recibe el niño (a partir de los 6 meses) se recomienda evitar el consumo de bebidas azucaradas, dulces, galletas y frituras.

Evitar el consumo de productos ultraprocesados. Dentro y fuera del hogar, a cualquier hora. Incluye pizzas, hamburguesas, hot-dogs, refrescos y bebidas azucaradas o edulcoradas, néctares de fruta, papas fritas, botanas empaquetadas, saladas y dulces, golosinas, galletas, postres, bebidas azucaradas a base de leche, incluido el yogurt para beber, helados, chocolates, caramelos, mermeladas, jaleas, bebidas energizantes, cereales en caja listos para su consumo (“recomendados para el desayuno”), bebidas de chocolate, leche maternizada, preparaciones lácteas complementarias, sustitutos en polvo fortificados. Comidas “listas” para calentar como platillos reconstruidos a base de carne, pescados, vegetales y queso; tanto en locales de comida rápida como en casa. Nuggets ya se de patitas o trozos, también palillos de ave o pescado. Sopas, pastas y postres en polvo o envasados, listos para consumir al agregar agua. Una manera que permite ubicarlos con mayor facilidad es el nuevo etiquetado frontal. Si los niños o adolescentes consumen este tipo de productos que sea en muy bajas cantidades y esporádicamente, preferir aquellos que contengan una menor cantidad de sellos.

Preferir consumir agua natural en lugar refresco y bebidas azucaradas. Procure que los niños y adolescentes no consuman refrescos ni aguas saborizadas, debido a su alto contenido de azúcar y otros ingredientes. Los refrescos no representan beneficios para la salud, hidratarse con este tipo de bebidas no es una práctica saludable, incrementan el riesgo de sufrir diabetes. Tienen una fácil disponibilidad ya que se encuentran en muchos establecimientos, tiendas de la esquina, supermercados y en múltiples ocasiones su publicidad esta encaminada a los niños y adolescentes.

Llevar una vida activa es esencial. La actividad física previene la obesidad, mantiene el peso ideal. Mejora la agilidad, los reflejos y la resistencia. Estimula el rendimiento académico. Reduce la ansiedad y la depresión. Si un niño o un adolescente es más activo, utiliza mayor energía “quema más calorías”, lo cual puede influir de manera positiva para perder peso. En necesario estar al pendiente de las horas que pasa viendo la televisión, aplicaciones, jugando videojuegos y/o conectado a redes sociales, tanto en el día como en la noche. Es muy importante que la actividad física comience con el ejemplo, los padres deben integrar a su propia actividad física a sus hijos. 30 minutos al día de caminata es un buen comienzo para ver resultados en la salud.

El consumo de alimentos se construye en el día a día de la vida de las personas. Aunque el aprendizaje, la cultura, la familia y diversas influencias del ambiente pueden caracterizar el comportamiento alimentario a lo largo de la vida, cotidianamente confluyen estos y varios otros factores en la determinación del consumo de alimentos todos los días.

Fuentes con las que Usted puede ampliar su información:

Barquera S. ¿Hasta que los kilos nos alcancen? Cuernavaca México. Instituto Nacional de Salud Pública, 2019.

Olaiz Fernández G, Rivera Dommarco J, Shamah Levy T, Rojas R, Villalpando Hernández S, Hernández Ávila M, Sepúlveda Amor J. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006. Resultados Nacionales. Instituto Nacional de Salud Pública, 2006.

Gutiérrez JP, Rivera Dommarco J, Shamah Levy T, Rojas R, Villalpando Hernández S, Franco A, Romero M, Hernández Ávila M, Cuevas L. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012. Resultados Nacionales. Instituto Nacional de Salud Pública, 2012.

Shamah Levy T, Vielma Orozco E, Heredia Hernández O, Romero M, Cuevas L, Rivera Dommarco J. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018-2019. Resultados Nacionales. Instituto Nacional de Salud Pública, 2020.

Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efecto sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas. Organización Panamericana de la Salud. Washington DC. 2015.

Lactancia materna. UNICEF para cada infancia. https://www.unicef.org/

Obesidad infantil: Nuestra nueva pandemia. Gobierno de México. https://www.gob.mx/

Beneficios del ejercicio en niños. Alimentación para la Salud 2022. https://alimentacionysalud.unam.mx

Boletín informativo. Instituto Nacional de Salud Pública y La Secretaría de Salud. Hospital del Niño DIF Hidalgo. 2006.

Obesidad infantil en México. Alimentación para la Salud 2022. https://alimentacionysalud.unam.mx

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Todo lo que debes saber sobre el nuevo etiquetado de advertencia

El etiquetado frontal como instrumento de política para prevenir enfermedades no transmisibles en la Región de las Américas

 

Antecedentes

La hipertensión, la hiperglucemia en ayunas (medida como el nivel de glucosa en plasma en ayunas) y el sobrepeso o la obesidad son los tres factores de riesgo más asociados con la mortalidad en la Región de las Américas. En el 2017, estos factores fueron responsables del 44% de todas las muertes en la Región, es decir, cerca de 3,1 millones (1). Estos factores de riesgo también son los que más contribuyen a la pérdida de años de vida sana en la Región. En el 2017, en los países y territorios de la Región se perdieron 75,2 millones de años de vida sana por causa de la hipertensión, la hiperglucemia en ayunas y el sobrepeso o la obesidad (1). Son años que se pierden por la mortalidad prematura o por la imposibilidad de estudiar, trabajar, jugar o gozar de la vida en todo su potencial. Esta pérdida repercute no solo en la salud sino también en el desarrollo humano y socioeconómico de la Región, ya que tiene efectos negativos en la educación y la productividad laboral de la población, lo que incrementa los costos para la sociedad (2, 3, 4, 5, 6).

La mala alimentación guarda una estrecha relación con estos tres factores principales de riesgo en la Región, debido en gran parte a la ingesta excesiva de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y sodio, los denominados “nutrientes críticos” de preocupación para la salud pública (véase el recuadro) (7, 8, 9). La ingesta excesiva de estos nutrientes es resultado, en gran medida, de la amplia disponibilidad, asequibilidad y promoción de productos alimentarios procesados y ultraprocesados, que contienen cantidades excesivas de azúcares, grasas y sodio (10, 11). Por consiguiente, gran parte de la solución consiste en la aplicación de leyes y regulaciones que reduzcan la demanda y la oferta de productos que contienen cantidades excesivas de nutrientes críticos. Uno de los instrumentos clave de política para regular esos productos con el objeto de prevenir el desequilibrio en la alimentación es la utilización de etiquetas en el frente del envase que indiquen a los consumidores que el producto contiene cantidades excesivas de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y sodio.

Para ayudar a la población de la Región a cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y protegerla contra los principales factores de riesgo que perjudican su salud y desarrollo, el objetivo regulatorio del etiquetado frontal debe ser que los consumidores puedan identificar correcta, rápida y fácilmente los productos que contienen cantidades excesivas de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y sodio.

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