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enfermedades metabólicas

enfermedades metabólicas resultantes de la malnutrición

Introducción

Unidad de Investigación de Enfermedades Metabólicas. Dirección de Nutrición. Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”.Tecnológico de Monterrey, Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Monterrey, N.L. México.

La epidemiología de las enfermedades metabólicas cambió en México en un periodo de cuatro  décadas (1950-1990). Las enfermedades carenciales, como la desnutrición, se limitaron a algunas regiones del país, a algunos estratos de la población o a grupos con padecimientos que limitan la ingesta o absorción de los nutrimentos.  En contraste, la prevalencia de la obesidad, las dislipidemias, la hipertensión arterial y la diabetes tipo 2 se incrementó notablemente. El incremento del índice de masa corporal promedio de los mexicanos fue el determinante mayor del crecimiento de las demás enfermedades metabólicas. Un cambio de la magnitud observada en nuestro país en un periodo tan corto de tiempo solo puede ser explicado por modificaciones mayores del ambiente.

La obesidad es uno de los factores detonantes de enfermedades cardiovasculares y diabetes. El país tiene el segundo lugar en obesidad de la población a nivel mundial.

Durante la segunda mitad del siglo XX, ocurrió un crecimiento acelerado del número de habitantes. En 1960, 34.9 millones de personas residían en México. Treinta años después, el tamaño de la población había aumentado 2.32 veces (81.2 millones). El crecimiento poblacional ha persistido pese a los esfuerzos para disminuir el tamaño de las familias. El número de habitantes aumentó a 97.01 millones en el año 2000, a 113.7 millones en 2010, a 121.3 millones en 2015 y 127.8 en 2020. El crecimiento poblacional resultó en migraciones internas y al exterior del país. La población se concentró en sitios urbanos. En 1960, el 50.6% residía en centros urbanos; en 1980 aumentó a 66.2%, en 1990 a 71.3%, en 2000 a 74.6% y en 2010 a 78%.

La dinámica de la población modificó las cadenas alimentarias, la actividad física de la población y la estructura de las familias. Como resultado, la alimentación sufrió modificaciones profundas, caracterizadas por aumento en el aporte de calorías, grasas saturadas y azúcares simples (revisado en detalle en otro documento que encontrara en “Alimentación para la Salud”). El porcentaje de los lactantes que recibieron leche materna por seis meses o más se redujo debido al uso creciente de fórmulas lácteas (revisado en detalle en otro documento que encontrara en “Alimentación para la Salud”). El acceso a productos industrializados de bajo valor nutricional creció en especial en zonas suburbanas o de nivel socioeconómico bajo, en donde la disponibilidad de frutas y verduras es insuficiente. El tiempo disponible para la preparación de los alimentos se redujo; el consumo de la comida rápida se incorporó a los hábitos de las familias, a pesar de su costo y composición. Las labores frente a una pantalla ocuparon proporciones crecientes de la jornada laboral y del tiempo dedicado a la diversión.

Las horas dedicadas al ejercicio y a la actividad física se convirtieron en minutos. El tiempo dedicado al transporte creció en proporción directa al deterioro de la calidad de vida, de la inseguridad y de la marginalización de un alto porcentaje de la población. La dinámica de muchas familias resultó en rupturas, deterioro del cuidado de los hijos, aumento de la incidencia de las enfermedades psiquiátricas, de los trastornos de conducta alimentaria y de las adicciones. El tipo de opciones laborales que se crearon contribuyo a la búsqueda de opciones rápidas de alimentación; con frecuencia no brindaban la seguridad social y el acceso a los servicios médicos indispensables.

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